Lutero

Frailecito!, ¡frailecito! ¡Haces frente a una empresa tan ardua, que ni yo ni otros capitanes hemos visto jamás tal en nuestros más sangrientos combates! Pero si tu causa es justa, y si estás convencido de ello, ¡avanza en nombre de Dios, y nada temas! ¡Dios no te abandonará!” (D’Aubigné lib. 7, cap. 8). CS, 143.


Dios todopoderoso! ¡Dios eterno! ¡cuán terrible es el mundo! ¡cómo abre la boca para tragarme! ¡y qué débil es la confianza que tengo en ti! [...] Si debo confiar en lo que es poderoso según el mundo, ¡estoy perdido! ¡Está tomada la última resolución, y está pronunciada la sentencia! [...] ¡Oh Dios mío! ¡Asísteme contra toda la sabiduría del mundo! Hazlo [...] tú solo [...] porque no es obra mía sino tuya. ¡Nada tengo que hacer aquí, nada tengo que combatir contra estos grandes del mundo! [...] ¡Mas es tuya la causa, y ella es justa y eterna! ¡Oh Señor! ¡sé mi ayuda! ¡Dios fiel, Dios inmutable! ¡No confío en ningún hombre, pues sería en vano! por cuanto todo lo que procede del hombre fallece [...]. Me elegiste para esta empresa [...]. Permanece a mi lado en nombre de tu Hijo muy amado, Jesucristo, el cual es mi defensa, mi escudo y mi fortaleza” (ibíd.). CS, 145.


El reformador contestó: “Ya que su serenísima majestad y sus altezas exigen de mí una respuesta sencilla, clara y precisa, voy a darla, y es esta: Yo no puedo someter mi fe ni al papa ni a los concilios, porque es tan claro como la luz del día que ellos han caído muchas veces en el error así como en muchas contradicciones consigo mismos. Por lo cual, si no se me convence con testimonios bíblicos, o con razones evidentes, y si no se me persuade con los mismos textos que yo he citado, y si no sujetan mi conciencia a la Palabra de Dios, yo no puedo ni quiero retractar nada, por no ser digno de un cristiano hablar contra su conciencia. Heme aquí; no me es dable hacerlo de otro modo. ¡Que Dios me ayude! ¡Amén!” (ibíd.). CS, 148.




Aunque haya tantos diablos en Worms cuantas tejas hay en los techos, entraré allí” (ibíd.). CS, 142




Cristo dijo a los incrédulos judíos: “Si yo no hubiera venido y les hubiera hablado, no hubieran tenido pecado; mas ahora no tienen excusa por su pecado”. Juan 15:22 (VM). El mismo poder divino habló por boca de Lutero al emperador y a los príncipes de Alemania. Y mientras la luz resplandecía procedente de la Palabra de Dios, su Espíritu alegó por última vez con muchos de los que se hallaban en aquella asamblea. Así como Pilato, siglos antes, permitiera que el orgullo y la popularidad le cerraran el corazón para que no recibiera al Redentor del mundo; y así como el cobarde Félix rechazara el mensaje de verdad, diciendo: “Ahora vete; mas en teniendo oportunidad te llamaré”, y así como el orgulloso Agripa confesara: “Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 24:25; 26:28), pero rechazó el mensaje que le era enviado del cielo, así también Carlos V, cediendo a las instancias del orgullo y de la política del mundo, decidió rechazar la luz de la verdad. CS, 151.

En todas las cosas relativas al tiempo presente, mi fidelidad será perenne, puesto que en la tierra ganar o perder son cosas indiferentes a la salvación. Pero Dios prohibe que en las cosas concernientes a los bienes eternos, el hombre se someta al hombre. En el mundo espiritual la sumisión es un culto verdadero que no debe rendirse sino al Creador” (ibíd.). CS, 154.

“Nunca me comprometí a encadenar la Palabra de Dios, y nunca lo haré”. Martyn 1:420. CS, 154.

Imprescindível

Todos somos insubstituíveis, mas ninguém é imprescindível.


Sob Lutero: “Sua ausência cumpriu uma obra que sua presença não teria conseguido realizar. Outros obreiros sentiram nova responsabilidade, agora que seu grande chefe fora removido.” CS, 186.





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