Contextualización
Contextualização
Analisando o berço da contextualização
"IGLESIA Y CONTEXTUALIZACIÓN
El Tercer Congreso Latinoamericano de Evangelización (1992) declaró: “La iglesia debe cumplir con su misión de anunciar la salvación integral a la totalidad del ser humano en la realidad en que está arraigado.” Esta manera de cumplir con la misión cristiana presupone una actitud de contextualización en el medio ambiente cultural en el que se sirve. No siempre las iglesias evangélicas han sido lo suficientemente sabias como para tomar en cuenta en su testimonio la “realidad en que está arraigado” quien recibe el mensaje. Una de las grandes ventajas de la iglesia celular es que permite un mayor grado de contextualización en la comunicación del evangelio del reino. La necesidad de este proceso de contextualización para ganar efectividad en la comunicación del mensaje cristiano responde a tres razones.
Toda persona pertenece a un determinado contexto cultural
Al pensar en contextos culturales diferentes, como los que predominan en cualquier metrópoli latinoamericana, hay ciertas cuestiones a tener en cuenta. Al hablar de contextualización cultural y la comunicación del mensaje cristiano, hay tres cuestiones a tomar en cuenta.
Primero, toda persona humana forma parte de un determinado contexto cultural y tiende a compartir ciertas cosas en común al definir la realidad en torno a ella. Estas cuestiones comunes son parte de su cultura. Toda cultura se configura en torno a costumbres, tradiciones, maneras de actuar, lenguaje, producciones humanas y estructuras sociales. La cultura propia es todo esto y mucho más. La cultura propia es como un enorme tapiz, que está compuesto por infinidad de hilos de texturas y colores variados, que sólo tienen sentido cuando se los mira en su conjunto.
Segundo, toda persona nace y se cría en un determinado contexto cultural. Los seres humanos son inculturados, es decir, son embebidos en su cultura propia, de suerte tal que la realidad cultural llega a ser su realidad personal. Será en función de esta cultura propia que cada individuo definirá lo que es real y la manera en que reaccionará a esa realidad. Si no se toma seriamente en cuenta este marco cultural, es inútil querer comunicarle el evangelio a otra persona, por más que se preste atención a los aspectos físicos o materiales que lo rodean.
Tercero, toda persona da primera importancia a su contexto cultural. No valorar ni entender el contexto cultural de una persona en particular significa que será muy difícil encontrar el camino de acceso a lo más profundo de su ser. Dado que las personas toman tan seriamente su concepto de la realidad culturalmente determinado, es fundamental que el comunicador cristiano haga también lo mismo. Fracasar en hacerlo puede tornar en algo inútil sus esfuerzos por llegar al otro con el mensaje. Esto no significa que cualquier concepción de la realidad sea válida. Es obvio que ciertos conceptos culturales son superiores a otros, pero habrá que respetar y tener muy en cuenta la validez de un determinado concepto para cierto núcleo de personas en su contexto cultural. Y esto es así, porque las personas que reciban el mensaje del evangelio van a decodificarlo no según las pautas del evangelio según nuestra interpretación del mismo, sino según sus propias pautas de interpretación. Por eso, es importante procurar codificar el mensaje cristiano tomando bien en cuenta cuál es la cosmovisión y mentalidad de las personas a quienes nos estamos dirigiendo. En otras palabras, la comunicación de la mayoría de las personas está circunscrita por la perspectiva provista por su propia cosmovisión. Será necesario, pues, abandonar el vocabulario “evangélico” para hablar las lenguas de este mundo y poder así comunicar el mensaje del evangelio.
Cuarto, toda persona tiene el derecho de conocer a Cristo en el marco o contexto de su propia cultura. El cristiano acepta como algo axiomático, que su deber es comunicar a Cristo al mundo. Esto suena bastante simple, pero en verdad se trata de algo muy complejo. Lo es al menos por tres razones. Primero, porque hay muchos conceptos en cuanto a “Cristo” en el mundo. Segundo, porque hay muchas maneras de comunicar el evangelio al mundo. Y, tercero, porque hay muchos “mundos” a los que se debe comunicar el mensaje. Incluso en un mismo barrio de una gran ciudad uno puede encontrar una pluralidad de mundos diferentes. Estos mundos diversos son como anteojos de color, a través de los cuales las personas se ven a sí mismas y al universo a su alrededor. Todas las cosas que se observan, se perciben con un determinado tinte o color según sea el vidrio de los anteojos de la cosmovisión que la persona utilice. Es más, en razón de que la vasta mayoría de las personas no ha usado más que un par de anteojos desde que tienen uso de memoria, no están dispuestas, incluso si pudieran, a poner a un lado a esos anteojos ni siquiera temporalmente, en orden a mirar al mundo a través de un par de anteojos diferente.
La manera en que las personas ven (y conocen) la realidad es su cosmovisión. La cosmovisión es la manera en que las personas ven o perciben al mundo, la manera en que lo conocen y cómo piensan que es.
La iglesia celular es flexible y adaptable a todas las cosmovisiones
La dinámica de la célula permite evitar la comunicación monológica del evangelio (de una sola mano: del predicador a la audiencia), sin consideración de su cultura y condición, y estimula la participación activa de todos los integrantes del grupo pequeño. Al no estar centrada en un culto central en manos de los profesionales de la religión, la experiencia celular es más vulnerable y flexible como para ser afectada por la cultura no religiosa circundante. Esto permite una decodificación más profunda del mensaje y una reformulación del discurso para hacerlo más accesible a todos los que participan en sus propios términos culturales.
Esto es lo que ocurrió con Jesús y los apóstoles. Nuestro Señor ministró casi exclusivamente dentro del marco de una cosmovisión judía palestina. Sin embargo, parece claro que se adaptó a los intereses, necesidades y puntos de vista dentro de los varios sub-contextos que formaban parte de esa cultura y cosmovisión. Por ejemplo, Jesús no habló al joven rico en términos de un nuevo nacimiento, como hizo con Nicodemo; ni le habló a la mujer samaritana en términos de vender todo lo que tenía y seguirlo, como hizo con el joven rico; tampoco le habló a Nicodemo en términos de la necesidad del Agua de Vida, como hizo con la samaritana. En estos tres casos, Jesús comunicó el evangelio del reino de maneras diferentes, y decodificó el mismo mensaje de manera tal que lo hizo más accesible a cada uno de estos personajes tan diferentes entre sí. De la misma manera, Pedro y Pablo adaptaron su mensaje a las cosmovisiones de sus oyentes. Una comparación del mensaje de Pedro en el día de Pentecostés (Hch. 2:14–36) y su mensaje en la casa de Cornelio (Hch. 10:34–43); y, los mensajes de Pablo en la sinagoga de Antioquía de Pisidia (Hch. 13:16–41) y su mensaje en la colina de Marte en Atenas (Hch. 17:22–31) pone de manifiesto la sensibilidad del uno y del otro a las diferencias entre los judíos monoteístas y los temerosos de Dios gentiles en el primer caso, y entre los judíos y los paganos politeístas en el segundo caso." Joel Comiskey, La explosión de los grupos celulares en los hogares: cómo un grupo pequeño en su hogar puede crecer y multiplicarse (La Iglesia Celular, 102)
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